En defensa de la conversación... LA SOLEDAD

Tienes que desarrollar la habilidad de ser solo tú mismo y no hacer nada. Eso es lo que los teléfonos nos están arrebatando. La habilidad de estar ahí, sentados. En eso consiste precisamente ser una persona.

La soledad... especialmente importante para los niños, si, ya lo sabréis, son malvados. Y son malvados porque están probando que pasa si son malvados. Ven a un niño y le dicen "¡estás gordo!". Y luego ven la cara del chico, que se viene abajo, y piensan: "oh, no me siento bien al hacer que una persona ponga esa cara"... Pero cuando escriben "estás gordo", simplemente piensan: "Mmmm, esto es divertido, me gusta".

En la actualidad puede que confundamos el tiempo que pasamos en Internet con la soledad. No es lo mismo. De hecho, el hábito que tenemos de mirar las pantallas en lugar de mirar hacia nuestro interior supone un grave inconveniente para la soledad. Es más fácil que surjan ideas si la gente piensa a solas. Es en soledad cuando aprendemos a confiar en nosotros mismos, en nuestra imaginación.

Cuando dejamos que los niños pasen tiempo a solas con sus pensamientos mientras crecen, sienten que el terreno bajo sus pies es firme. Si los niños siempre tienen algo externo a lo que responder, no construyen este recurso. 

"Jugar a las damas con tus abuelos, es una oportunidad para hablar; jugar a las damas con un programa de ordenador, es para poner en práctica una estrategia y ganar". Cuando los niños adquieren experiencia en conversar, aprenden que la práctica nunca lleva a la perfección, pero que la vida, no trata de hacerles perfectos. Ellos buscan atención, tú atención, y ese cariño habilita a la soledad.

Pararnos, sin más, sin coger el teléfono móvil para enviar un mensaje, conectarme a Facebook o mirar cualquier otra aplicación o hacer una consulta en Internet, es casi tarea de locos, estar sin hacer nada. Lo consideramos tiempo perdido y justamente es de eso, aquí en occidente, de lo que todo el mundo escasea, de tiempo. Necesitamos emplearlo en algo porque es un recurso que debemos explotar. En lugar de utilizar ese tiempo para pensar (o no pensar), lo llenamos de conexiones digitales.